Ayer no hubo post. Estuve haciendo los “encargos del hogar”. Gasté media mañana en comprar frutas, verduras y algo de pescado. Bueno, realmente gasté 20 minutos en el mercado de las frutas y otros veinte en el de pescado. Lo demás fueron atascos.
Circular por Dar es Salaam es asÃ. Anda, para, esperaa. Anda otro poquito, para y espera de nuevo. Yo creo que la traducción del significado de “Dar es Salaam” no es “remanso de paz”, sino “lugar de los atascos”.
Pues nada, que en esas estaba yo, a 37 grados quejándome del maldito calor cuando me acordé de eso que me dicen a veces. “Que no hay que quejarse tanto”, que hay otros que están peor.
Que mientras yo iba en mi cochecito leré con rico aire acondicionado para mantener mis pescaditos frescos hasta llegar a casa, los hay en estas tierras que el calor lo tienen que soportar a la buena de Dios.
Y asÃ, nos encontramos a muchos tanzanitos pidiendo, otros vendiendo y otros esperando por un trabajo que ni Dios sabe si llegará.
El que más suerte tiene, pues nada, vende. Venden lo que pueden. Lo que los ahorros le permiten comprar. ¿Un acuario? Pues si, también acuarios.
El vendedor ambulante de acuarios
Que no sé yo si los pececitos sin oxigeno en el agua y con ésta a 35 grados sobrevivirán mucho tiempo. Pero asà es. El tanzanito de turno vendiendo acuarios.
De todas formas, lo que más me choca a mi, es que mientras este hombre se tiene que pasar 12 horas con un acuario en la cabeza para intentar mantener a su familia, el que se lo compre, derrochará dinero comprando pienso pa sus peces y comida especial para sus canes. Mientras, posiblemente a 20 metros de su casa, alguno de los tanzanitos vendedores se preguntará ¿qué puedo vender mañana para dar de comer a mis hijos?
Y es que no sabemos valorar lo bien que vivimos. Ni siquiera yo, que me puedo permitir un cochecito leré con aire acondicionado y me quejo del calor y los atascos.
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